La pizarra apaga el fuego en Balaídos

Un gol providencial de Mathieu en una jugada de estrategia permitió sumar tres puntos de oro a un Barça que fue dominado en la primera parte y que sacó petróleo de Balaídos para seguir a cuatro puntos del Madrid

Mathieu decidió el partido con un certero cabezazo

En un partido gris, sin ocasiones de gol, con la sensación de haber sido dominado y sin contar con el punto de inspiración necesario para creer en una victoria que se puso muy cuesta arriba, vale con encontrar el camino adecuado en una jugada aislada con la que decidir. El Barça tiró de de la pizarra de Unzúe para decantar en Balaídos un encuentro en el que el Celta tuvo mucho que decir pero en el que los azulgranas hirieron de muerte a los de Berizzo con un cabezazo providencial de Mathieu que da tres puntos decisivos a falta de nueve jornadas.

Y eso que la tarde comenzó con ambiente festivo. El regreso de Luis Enrique a Balaídos, el saque de honor del piragüista David Cal, un estadio entregado… y sí que fue una fiesta pero para el Celta en la primera parte que dominó de principio a fin ante un Barçaincómodo, sin soluciones en la creación y con una presencia ofensiva que se redujo a una doble ocasión que nació en las botas de Messi tras un disparo ajustado del argentino y que Neymar no consiguió culminar en el remate. Ahí se acabó el Barça en los primeros 45 minutos porque el Celta fue el primero en avisar con un disparo cruzado deLarrivey en el que Bravo salvó los muebles con una mano prodigiosa.

El protagonismo de Piqué en el tramo inicial de partido fue el presagio de lo que ocurriría en esta primera mitad. El central se multiplicó en el corte y trató de conectar con la tripleta ofensiva a base de balones largos sin éxito. Busquets, Iniesta y Rafinha no daban con la tecla para contener a un Celta atrevido, que salió sin complejos y que se amparó a las genialidades de un punzante Nolito que maniataba al equipo de Luis Enrique por el flanco izquierdo.

NAVEGANDO SIN RUMBO

Messi trató de arreglar los desajustes de los suyos abandonando la banda para incrustarse como mediapunta en busca de un mayor control aunque sin demasiada fortuna. El Barça se disolvía como un azucarillo en los metros finales y los chicos deBerizzo se vinieron arriba mostrándose firmes atrás y con personalidad de medio campo hacia delante.

La temperatura subía por momentos en Balaídos con los ojos puestos en el colegiadoBikandi Garrido tras una indecisión defensiva que pudo costar muy cara al Barça. Suerte que Claudio Bravo reaccionó en el momento justo para frenar a un Nolito lanzado en una acción en la que los gallegos reclamaron un penalti inexistente. Aún así el Barça era el vivo reflejo de un equipo perdido navegando en un mar de dudas con un Celta imponiendo cada vez más su dominio. Un gol anulado a Larrivey por fuera de juego y una ocasión desperdiciada del propio delantero cuando lo tenía todo a favor para fusilar a Bravo en los últimos minutos de la primera mitad hizo saltar las alarmas en una nave azulgrana que pedía a gritos un cambio de rumbo.

El Barça quiso coger el timón del encuentro tras el paso por los vestuarios y Neymar dio casi sin avisar el primer aviso sin premio tras un gol que el colegiado anuló por un fuera de juego más que dudoso. La magistral definición del brasileño pudo ser el fin de los problemas para el Barça que entró en un breve intercambio de golpes que Nolito aceptó con gusto aunque sin la fortuna necesaria para abrir el marcador. Los azulgranas pusieron su mirada en la banda izquierda ocupada por un Neymar cada vez más activo que posibilitó las primeras conexiones del tridente del Barça. Messi tuvo en sus botas el gol tras una buena jugada trenzada iniciada por Iniesta pero que el argentino no supo definir ante Hugo Mallo.

BENDITA ESTRATEGIA

Fue entonces cuando Luis Enrique apostó por un cambio de tendencia sacrificando la verticalidad de un Rafinha sin suerte por el criterio de un Xavi que diera pausa y serenidad al juego azulgrana con un Celta cada vez más agazapado en busca de un transición rápida y directa a la portería de Bravo. Y entonces apareció la pizarra. Esa capaz de desatascar encuentros gracias al trabajo oscuro en una jugada aislada. De una falta en la esquina izquierda del área gallega nació un gol que tiene su peso en oro. Xavi puso el balón allá donde solo Mathieu podía llegar y, como ante el Real Madrid, el francés se elevó para batir a Sergio Álvarez con un potente cabezazo. Neymar se abrazaba a Xavi. El resto acudió en busca de Mathieu. El Barça respiraba a falta de diecisiete minutos tras haber jugado con un fuego que quemaba y mucho.

La estocada azulgrana hirió a un Celta que se resistió a sacar la bandera blanca. El cronómetro corría a favor del Barça y minimizar los errores fue una cuestión capital en el tramo final de encuentro. Con Messi jugando de interior – que pudo sentenciar con una vaselina en el minuto 90 – tras la entrada de Pedro por Iniesta, el Barça trató de respirar tranquilo aunque parecía empeñado en añadirle una dosis de suspense a los últimos minutos. El pitido final de Bikandi Garrido fue un alivio para Luis Enrique, el Barça y un equipo que sacó petróleo con tres puntos que valen su peso en oro. La décima victoria consecutiva fuera de casa sigue dejando al Barça a cuatro puntos del Madrid.

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